
Este espectáculo teatral evoca el choque de la percusión y el fuego, la necesidad de escuchar y sentir, de propiciar el encuentro e interacción con el público.
Hay varias formas de obtener fuego: la colisión de los tambores produce chispas, calor, grandes torbellinos de colores, aromas, ritmos y luz.
Gracias a la precisión de sus coreografías y pirotecnia, esta obra transporta al público a una especie de carnaval en el que aparece Momotxorro, personaje de la mitología vasca, quien se encarga de preparar el fuego para el aquelarre y así provocar y molestar a los vecinos con su horca.